Las aberturas de los ojos son el punto donde la máscara deja de ser escultura y pasa a ser equipo de trabajo. Determinan si el actor puede ver el suelo dos pasos por delante, si encuentra a su compañero sin girar la cabeza y si puede bajar una escalera sin tantear.
El error más común es abrir los agujeros mirando la máscara de frente sobre la mesa. Puestos así, quedan demasiado altos y demasiado juntos: al colocarse la pieza, la mirada choca contra el borde inferior. La abertura debe marcarse con la máscara puesta, señalando desde dentro el punto exacto de la pupila, y abrirse después en pequeños pasos, probando cada vez.
El grosor del material también recorta la visión. Un canto de tres milímetros funciona como un tubo: por eso los bordes internos se biselan hacia fuera, ensanchando el cono de visión sin agrandar el agujero por delante. Con ese bisel se gana campo periférico sin que la abertura se note más grande desde la platea.
Conviene además ensayar con la máscara antes del estreno en las mismas condiciones de luz de la función. Un foco frontal potente sobre una máscara clara puede deslumbrar por reflejo del propio material dentro de la cuenca; oscurecer el interior de las órbitas con pintura mate suele resolverlo.
- Marcar las pupilas con la máscara puesta, nunca sobre la mesa
- Abrir poco a poco y probar entre cada ajuste
- Biselar el canto interno hacia fuera
- Interior de las cuencas en negro mate
- Comprobar el suelo, las escaleras y las salidas
- Ensayar con la luz real de función